¿Qué es una clase argumentativa?
En el Colegio Internacional J.H. Newman estamos convencidos de que el aprendizaje real se produce cuando el alumno entiende lo que estudia y lo hace suyo relacionándolo con el mundo que le rodea. Este aprendizaje es el que realmente enriquece el conocimiento y el desarrollo personal.
Esto sucede cuando en clase se fomenta el diálogo, la reflexión y el intercambio de ideas, no solo la repetición de contenidos. Enseñar de esta manera invita a los alumnos a pensar, a hacerse preguntas, a entender distintos puntos de vista y a buscar el sentido de lo que aprenden.
Por ello, la clase argumentativa aporta un valor clave a la enseñanza. Para que una clase sea argumentativa es importante poner el foco en el objeto de estudio (texto, período histórico, problema matemático…) que se presenta como algo sobre lo que indagar siguiendo una metodología concreta. Para que el alumno se implique y sea protagonista, el profesor propone dinámicas, explicaciones y actividades que exijan razonar y no solo repetir.
Para que una clase fomente el uso de la razón deben darse 3 condiciones básicas:
1. La clase como acto de comunicación
La capacidad de argumentar nace de la pasión por comunicar. Comunicar consiste en tener algo que decir y compartirlo de forma útil. La clase es comunicativa y educativa cuando produce un cambio en el alumno y le ayuda a hablar, pensar y actuar de forma distinta.
Por ejemplo, cuando un alumno dice “pero, entonces” ante una explicación, está mostrando ese cambio. El “pero” revela que está reformulando los conocimientos que él tiene y cambiando una perspectiva; el “entonces” demuestra que el alumno cuenta con una nueva hipótesis que contrastará en un futuro.
Este proceso no sucede de manera mecánica porque interviene la libertad del alumno: su intención, su capacidad y su disposición para aprender y cambiar. Pero el hecho de prestar atención supone abrir espacio a algo nuevo y activar la conciencia. Así, el alumno asume la responsabilidad de su aprendizaje, mientras el profesor acompaña y guía en el proceso.
2. Estilo argumentativo en la metodología de la materia
Para que una clase funcione, tiene que ser una provocación a la razón. Es decir, no se trata de enunciar conclusiones, sino de activar la capacidad de análisis y de reflexión fomentando el diálogo crítico como recurso fundamental.
La clase es donde los alumnos descubren cómo se construye el saber, aprendiendo no solo contenidos, sino también formas de pensar y de trabajar.
Este método se basa en una gran confianza en la inteligencia y en la capacidad de aprendizaje de los alumnos, creyendo que todos tienen dentro de sí las herramientas necesarias para comprender la realidad. La enseñanza a través del diálogo y la argumentación no impone ideas, sino que invita a pensar, preguntar y contrastar. El alumno no es un receptor pasivo, sino una persona libre y responsable que construye su propio conocimiento.
3. El gusto por lo concreto y las preguntas
Una clase es enriquecedora cuando despierta el interés y la curiosidad del alumno. La sociedad actual no tiene falta de inteligencia o de respuestas, sino pocos estudiantes que se hagan preguntas. El interés por el conocimiento y las preguntas nace en gran parte gracias al profesor, que es el primero que plantea sus inquietudes, sus hipótesis, su forma de relacionarse con la materia de estudio y con los demás.
La pregunta es el motor de la razón. Si existen distintas asignaturas es porque hay personas que se han planteado problemas y han buscado respuestas. Un colegio es un espacio de aprendizaje real cuando permite formular preguntas y enseña a preguntar.
En una clase argumentativa tiene mucha relevancia el diálogo crítico y las dinámicas de preguntas-respuestas. El aprendizaje mediante el análisis y la interpretación de textos, la reflexión sobre hechos relevantes y la elaboración de argumentos escritos y orales, es posible en todas.
Teresa Ortiz, profesora de Ciencias Naturales, destaca la importancia de que los alumnos aprendan a partir de la experiencia, algo fundamental a estas edades. En 1.º ESO, por ejemplo, tras trabajar el tema de los hongos, afianzaron contenidos como la nutrición y la reproducción mediante un experimento en el aula. A través del diálogo, los alumnos plantearon qué condiciones podrían favorecer el crecimiento del moho en el pan. Observaron durante varios días su evolución hasta que apareció, momento que los estudiantes vivieron con gran asombro. Después, analizaron los hongos con lupa, dibujaron, redactaron y aplicaron el vocabulario científico trabajado previamente. El aprendizaje no termina ahí, ya que la observación despierta nuevas preguntas que permiten seguir profundizando con el alumno como protagonista y el profesor guiando el proceso.
¿Qué puede cambiar en un colegio si se enseña argumentando?
Es posible impartir una clase desde el estilo expositivo, repitiendo información para transmitir contenidos y pidiendo al estudiante recordar y aplicar lo aprendido. Sin embargo, enseñar argumentando lleva a los alumnos a ser sujetos activos. Esto favorece el desarrollo de actitudes y capacidades clave: la capacidad de asombro, el interés y la pasión, la observación y la identificación de los problemas en los contenidos de estudio. A partir de ahí, el alumno aprende a buscar caminos razonables, formular hipótesis, descubrir respuestas y contrastar información.
Construir el conocimiento a través del diálogo y la argumentación convierte al alumno en coprotagonista de su aprendizaje, siendo una persona libre capaz de pensar por sí misma. El estudiante asume una actitud crítica, pone en juego sus experiencias e ideas y descubre su capacidad para razonar, incrementando su confianza intelectual. Priorizando la argumentación, el aprendizaje se convierte en una convicción personal: las cosas son así porque se entienden, no porque alguien lo haya dicho.