Con motivo del vigésimo aniversario del Colegio Internacional J.H. Newman, la revista Huellas ha realizado una entrevista al director del colegio Juan Ramón de la Sena.
– ¿Qué es el colegio J.H. Newman?
El Colegio Newman es un proyecto educativo que fue puesto en marcha por profesores y familias desde hace más de 20 años en un barrio popular de Madrid y que quiere ofrecer una educación a la altura de las exigencias del ser humano. En ese sentido, parte del deseo de responder -de una manera adecuada- a la necesidad de educación que tiene la sociedad actual y que muchas veces vemos reducido a mera enseñanza, formación académica y servicio socio-profesional.
– ¿Con qué deseo nace esta obra educativa?
Nace del deseo de que la certeza de la experiencia educativa que ya estábamos verificando una serie de profesores y educadores no se quedara aislada, sino que tuviera una expresividad común mucho más sólida y fecunda.
Y luego, con el deseo de abrir a la sociedad una posibilidad de formarse y educarse de una manera completa porque, lamentablemente como ya he dicho, hemos reducido la educación -también en la escuela católica- a la idea de una expectativa sociolaboral que, desde la sociedad, se ha impregnado inevitablemente al ámbito escolar.
– ¿Cómo surge esta iniciativa? ¿Cómo fueron los primeros años?
Surge de esta certeza, de este gusto de algunos profesores que percibimos que ya teníamos la madurez y la solvencia para poder juntarnos y generar una propuesta común que, en los distintos ámbitos donde cada uno trabajaba, estaba limitada.
Surge, asimismo, del empeño de que nuestra propuesta educativa no quedara diluida en acciones dispersas, por lo que perseguimos tener una expresividad más sólida, más completa, más acertada, a través de un proyecto visible. Y de ahí, el deseo de responder haciendo una escuela.
Los primeros tiempos fueron apasionantes y también difíciles. Estuvimos casi cinco años sin poder hacer el colegio debido a muchas trabas y rechazos de algunos sectores sociales que ideológicamente no conciben que el protagonista de la educación sea la sociedad civil y que influían en diversos actores de la administración. Pero eso nunca nos redujo el entusiasmo ni la certeza de lo que queríamos proponer. De hecho, todos los pasos han sido milagrosos: desde la cesión del terreno, la búsqueda de la financiación, el número de familias que se fueron vinculando… Y desde el segundo año de su existencia, la ocupación del colegio ha sido del 110%, cuando estaba previsto que sólo al séptimo año llegaramos al 70% de ocupación de los cursos que se habían puesto en funcionamiento.
– ¿Por qué «Newman»?
Porque cuando constituimos la Fundación Internacional de Educación en el año 1999, justo el curso siguiente (2001), era el aniversario del nacimiento de John Henry Newman, 1801-2001. Era un referente educativo que queríamos dar a conocer por su amor a la razón y a la libertad.
También, desde luego, por la dimensión internacional que tiene el colegio, porque en el ámbito, sobre todo anglosajón, su historia personal es un testimonio de la apertura sin límites del ser humano hacia el conocimiento, desde un rigor y una lealtad enorme a la conciencia. Nos parecía que podía ser un punto significativo inequívoco.
– ¿Qué experiencia educativa se vive en el centro? ¿Ha cambiado algo del deseo/fin primero?
No ha cambiado, se ha agrandado y confirmado. Al principio, era tan sólo una intuición. Éramos 25 profesores. Hoy somos más de 130 y 180 profesionales en total. También hemos ampliado las instalaciones, el número de alumnos, el número de aulas… pero hemos profundizado en la intuición inicial. Es decir, el colegio, no solo ha aumentado en dimensiones e instalaciones, sino, sobre todo, en profundidad de la experiencia educativa. ¿Cómo? Con un trabajo de fondo de los contenidos académicos -que los generan los profesionales casi en el 100%-, en el trabajo transversal de los departamentos y etapas, dando un criterio unitario, pedagógico y didáctico en la configuración de los criterios fundamentales que articulan nuestra propuesta educativa… Y por último, en la generación de acuerdos y relaciones con otros centros educativos de España y del extranjero, convenios con instituciones de otros países, proyectos formativos con Universidades, encuentros docentes nacionales e internacionales etc.
– ¿Qué tipo de sujeto genera la educación en el colegio J.H. Newman?
A priori diría, sintéticamente, que el Colegio Newman genera un hombre que ame la razón y sea libre. Pero, matizo: aunque ese es el horizonte, no está definido de una manera rotunda porque, gracias a Dios, de ningún ser humano puede decirse que entre “por una cinta transportadora de una manera y salga de una manera concreta, unitaria”. Ahora bien, los rasgos que distinguen a nuestros alumnos, profesores, y personal del colegio son, sin duda, este amor a la razón, esta experiencia de libertad grande, esta pasión por el hombre y el deseo de construir el bien común.
– ¿Cuáles deberían ser los pilares de la educación en el siglo XXI?
Son los mismos que los del siglo XX o los del siglo XXII, porque la educación tiene que poner en el centro la experiencia humana. El ser humano es el único ser que tiene conciencia de la totalidad del universo, por tanto, la educación, o tiene como ámbito de desarrollo estos parámetros, ilimitados -porque el deseo de conocimiento, de bien, de verdad, de belleza es infinito-, o está reduciendo la educacion a otro fin distinto, aunque sea el más loable. Por ejemplo, llegar a ser buena persona, o ser un ciudadano responsable, o un excelente profesional, o hasta incluso participar en una experiencia religiosa concreta.
El único fin que puede justificar una experiencia educativa, sólo puede ser el de la construcción de esa humanidad, más allá de eso, cualquier fin instrumentaliza al ser humano y por tanto lo reduce y cae en el peligro de ser sectario, ideológico o parcial.
– ¿Qué dificultades y retos educativos nos encontramos hoy en día que no existían quizá hace 20 años?
Yo creo que ya existían antes, pero ahora se han acentuado algunas. Por ejemplo, voy a señalar dos o tres:
- La desorientación y la debilidad de las familias. Es mayor que hace 20 años, porque las certezas por las que uno entraba en la vida adulta, ya no las tienen tampoco ahora los jóvenes. Antes existía, pero actualmente quizá de una manera más acentuada.
- La fragmentación de la vida, social y personal. No tiene nada que ver lo que uno hace en el trabajo, con lo que uno hace en la familia. No tiene nada que ver lo que uno vive en la familia con lo que hace con los amigos o en el tiempo libre. O lo que uno vive en el tiempo libre o en la familia con el interés por el bien común o la cuestión política. Y muchas veces, nada tienen que ver estas cuestiones con el significado último, más allá de la propia contingencia. Esta fragmentación crea un sujeto totalmente desintegrado. La educación, si es tal, tiene que ayudar a ir al punto neurálgico de lo que es el ser humano, para que dé unidad, porque la persona es una y la pregunta es una.
- Una mentalidad dominante y el afán de la administración y de los poderes públicos de organizar la vida común y reglamentar todo, buscando -sin ningún escrúpulo- sistemas perfectos en los que el hombre, como decía Eliott, ya no tenga necesidad de ser bueno, es decir, de ser libre. Hemos reducido al hombre, o la experiencia educativa, a un automatismo, a un proceso de protocolos, de actuaciones, de reglas, de procedimientos que aseguren que todo sea “perfecto”. Pero como eso, gracias a Dios, es imposible, se ha empobrecido la experiencia educativa, porque el sujeto activo de la misma, que es el maestro, ha quedado limitado, en el mejor de los casos, a un animador de competencias, pero no a alguien que ofrece una transmisión de la cultura, del bien que ha sostenido la sociedad y que ha generado una forma de vida grande.
– ¿Cuál es el camino para ellos? ¿Cuál es el camino para generar personas vivas, llenas de esperanza y de pasión por el bien común?
De manera teórica: ser verdadero, ser fiel a la conciencia, por tanto, a las exigencias más absolutas del ser humano, desafiando la razón y respetando exquisitamente la libertad.
Como experiencia real, el encuentro con la fe, con el cristianismo. El ideal no es una idea abstracta, un anhelo inalcanzable, sino el encuentro con una experiencia concreta que, al encontrarla, uno ve que es posible vivir a lo que aspira el corazón del hombre.
– Hablando del bien común, ¿qué otras realidades y obras han nacido bajo la estela del Newman?
Ha nacido, sintéticamente, una red de compañeros de camino de otras escuelas donde nos acompañamos, afrontamos y realizamos iniciativas comunes. La asunción, por ejemplo, de la responsabilidad de dirigir otro colegio, el Colegio Internacional Nicoli, junto con las Hijas de la Caridad.
La plataforma Scolaris, que trata de ser un ámbito de formación, de debate y de juicio público sobre temas sociales, culturales y educativos.
Y junto con la Universidad Francisco de Vitoria, hemos lanzado el Máster de Excelencia Educativa, una formación docente que, a modo de MIR Educativo, es una novedad que creemos que tiene un valor grande y que esperemos que vaya siendo más significativa.
O una red de una veintena de escuelas e instituciones educativas que fruto de una amistad, proponemos iniciativas comunes escolares con nuestros alumnos, encuentros públicos sobre educación y juicios compartidos sobre la realidad educativa.
– ¿Qué es esencial para sostener estas iniciativas y para la generación de nuevas obras?
Custodiar la unidad entre nosotros. Porque se custodia la unidad en torno a la certeza de saber qué es la educación; se trata de ser leales y de tener una sencillez de corazón para seguir la verdad que juntos estamos compartiendo. Más allá de los acentos, preferencias y temperamentos personales. Lo que salva el mundo no es la genialidad de cada uno, sino la unidad en torno a lo que hemos encontrado.
No hay experiencia educativa verdadera, por tanto, útil y fecunda, si no tiene como horizonte la totalidad del mundo. Por tanto, solo educas en tu clase aunque sea solo a un niño de tres años o un joven de 18, si tienes como horizonte el bien de todos los hombres, el interés por la realidad de cualquier situación, ámbito y cultura del mundo. Y en la totalidad como significado se puede afrontar el particular.
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