Apenas está terminando el mes de noviembre y de repente nos encontramos inmersos en el ambiente de la Navidad. Sólo hace falta darse un paseo por las calles o visitar los centros comerciales y tiendas de nuestra ciudad para vernos inundados de luces y reclamos navideños de todo tipo.

Y entonces volvemos a sentirnos interpelados a descubrir que las luces de la navidad o los villancicos que oímos son para nosotros algo más que una bella costumbre que valga la pena conservar. Es una realidad que anuncia un hecho que cada año nos vuelve a sorprender.

¿Y cómo puede un niño de Infantil entender qué es lo que está sucediendo en esos días? Pues con el mismo método con el que los niños descubren y aprenden todo en estas edades: participando activamente y experimentando desde su propio cuerpo lo que sucede, ayudados por un contexto que les introduzca y facilite la comprensión de lo que tienen delante.

Por ello en Navidad los profesores de Infantil del colegio J.H. Newman invitamos a los niños a que participen activamente en un festival.

Cada clase se pone en marcha con su profesor para preparar una actuación que sea adecuada a sus posibilidades.  Para que un niño entienda lo que sucede en Navidad necesita vivirlo desde dentro: necesita convertirse en pastor, en ángel, en Virgen María… necesita ir a buscar el camino para conocer al niño, caminar hacia el portal llevando un presente, acercarse al pesebre, ver a Jesús y adorarlo cantando canciones o celebrando su llegada bailando. En este sentido la dramatización de estas escenas es la mejor herramienta para ser protagonista de este relato y poder vivirlo en primera persona.

El hecho de invitar a sus padres a que vengan a verles actuar cumple un doble objetivo. Lo primero revestir de valor la ilusión y el trabajo que los niños han realizado para preparar estas actuaciones haciendo que los mayores vengan ese día al colegio.  Y en segundo lugar porque los adultos que vamos a verles nos vemos sorprendidos por el anuncio que los niños nos hacen. Gracias a sus actuaciones podemos ver la estrella, percibir la voz del ángel y que nuestro corazón de nuevo se abra a oír y ver la belleza de un Dios que se aproxima tanto a nosotros que se hace carne y entra en nuestro propio mundo.